Tenerife



Barrio porteño…
resbala por sus balcones
la luz del sol


Asienta el polvo en el camino…
dos palomas se disputan
el excremento de un dromedario


Brilla la tarde…
pulverizado en el aire
el resuello de una ballena


Tan lejos el horizonte…
caen de la palmera
los frutos sin madurar


Llega del Teide un silencio sin medida…
al tajinaste
apenas le queda una flor


No hay sombra en la que cobijarse…
sólo la polvareda
al paso del lagarto


Frente a lo cartones del mendigo,
cabecea
la flor de un flamboyán


Viejo drago…
todo el color del parque
recogido en una flor


Retazos de cielo…
muy cerca del suelo
cuelga la flor del plátano



Insomnio


Un sol y una ráfaga de viento
dibujados en un papel:
garabatos de grafito
enmascarando un hálito
que porfía en empañar,
una y otra vez, mi alma de cristal;
absurdo reflejo de la memoria
bostezada en una noche invernal
en el que un fatigado anhelo,
extraviado entre la negada luz de la luna nueva,
rebusca en el olvido
las líneas que tiempo atrás
marcaron las fronteras…

El silencio articula mis labios,
baldíos y oscuros afanes
por encontrar la voz de lo que está pasando.
Mas, no necesita un nombre
la lágrima que revolotea
alrededor de una bombilla apagada,
como no necesita ser llamado
lo que no ha sido soñado…
¿quién se molesta en recoger del suelo
las cenizas de una lágrima?

Pronto amanecerá…
la nada no tiene casa,
arrastra sin rumbo su reposado silencio…
…enterrada bajo un palmo de tierra seca
crece una flor de plástico.

El sol y el viento
amarillean en un trozo de papel…


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