LXXXVI

Ni rastro de sombra...
picotea el cuervo
la crin de un caballo


LXXXV

Trinan en el parque...
canta con más fuerza
el pájaro enjaulado





LXXXIV

Abandono la ciudad;
cada vez más grandes,
en círculos un halcón




LXXXIII

Con el mar a los pies,
el ruido de una lagartija
que se escabulle





LXXXII

Desde la casa en ruinas
hasta los laureles:
el sol en las alas del cuervo




LXXXI

En cada árbol un piar.
La puerta del campo santo
abierta



LXXX

A este lado de la valla...
trae el viento
la voz del caballo