Primera mención.
Bahía de San Lorenzo
Hace
frío… En los charcos del paseo se refleja la desnudez de los árboles. Hace frío…
un frío de silencios largos.
En
el horizonte nubes negras y grises, pasajeras en un cielo taciturno al que le
han robado la luz. Un grupo de gaviotas se deja llevar por el viento… Suena, a
lo lejos, la sirena de un barco… se aleja, se aleja de mí, del puerto, de la
ciudad… se aleja. Camino por el paseo, paso a paso, sorteo los charcos que sólo
un niño quiere pisar.
Lluvia
fina… un perro ladra al cielo.
Me
adentro en el arenal… mis huellas serán borradas por la próxima marea. Entre
las rocas proclaman su presencia los vuelvepiedras, puntuales a la cita con el
anciano que cada día les lleva unos trozos de pan. Comen y, no tardando, alzan
el vuelo… se alejan, se alejan de mí, de la playa, de la ciudad… se alejan.
Viento
del oeste… las huellas de una gaviota se adentran en la mar.
Camino
hasta el final de la playa. Sentado sobre una roca, mi roca, observo la bahía… redescubro
la mar, el cielo, las nubes, las aves, cada piedra grande o pequeña, cada trozo
de madera que deja la marea, el sol que intenta abrirse paso entre las nubes…
contemplo las cosas como si aún no tuvieran nombre.
Solo
en un pequeño trozo de la bahía… solo en una playa insaciable, insaciable de
mar.
Mareas de otoño…
El viento mueve las plumas
de la gaviota muerta
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